INÉS GÁMEZ, educadora infantil y presidenta de la Asociación Madre de Día

 

Tener alternativa a las guarderías tradicionales es posible.

¿Te gustaría que tu hijo permaneciera mientras tú trabajas en un hogar con tan solo dos o tres niños más? En España, la iniciativa es por ahora privada y algo costosa. Pero Inés Gámez, presidenta de la Asociación Madre de Día y una de ellas, cree que tiene mucho recorrido. “Empujar a los niños al ritmo rápido del mundo real es una idea de adulto”, afirma a Arnidol en una conversación telefónica.

 

 

Arnidol: ¿Qué significa llevar a tu hijo a una madre de día?

Inés Gámez: Significa que si durante los primeros años de vida de tu hijo no puedes cuidarle en tu propio hogar (que es donde mejor estaría) por razones laborales, por ejemplo, puedes contar con la ayuda de una educadora formada que adapta su hogar para él y solo 3 o 4 niños más de 0 a 3 años. Las madres de día llegamos a ofrecer hasta ocho horas de ambiente familiar. 

A.: ¿Realmente hay diferencias con una guardería tradicional?

I.G.: Sí. La principal diferencia es el ambiente de hogar y el número de niños. Las madres de día cuidamos de muy pocos niños y durante una etapa en que aún no están preparados para formar parte de grupos grandes. Nosotras creamos un entorno de afecto en el que damos importancia a la relación individualizada, al juego libre y a un ambiente recogido y maternal, más que institucional. Madre no hay más que una, pero nosotras creamos un hogar sin exceso de estímulos en el que los padres pueden acompañar a su hijo en el periodo de adaptación durante aproximadamente dos semanas, si lo desean, para que dejar su verdadero hogar y llegar a otro con nuevos niños, sea lo menos traumático posible.

A.: ¿Hay diferencias entre un niño educado con una madre de día y en una guardería tradicional?

Hemos detectado que los niños se desarrollan de forma más sana y enferman menos, por poner un ejemplo.

A.: Pero hay quien dice que el mundo no es de color de rosa y que ir a una madre de día puede ser una manera de retrasar su entrada en el mundo real…

I.G.: Eso no es cierto. La idea de que la entrada en el mundo real se tiene que hacer a un ritmo rápido es una idea de adulto y además puede traer problemas en el futuro. Lo que ocurre cuando no atendemos a las necesidades reales del niño en la primera etapa de su vida es que cada vez tendrá más problemas: en el ámbito escolar, trastornos de tipo social, afectivos, de rendimiento escolar… Ahora se está viendo que en realidad en estos casos lo que está fallando es la base. Hay investigaciones neurológicas que dicen que lo que favorece el buen desarrollo del cerebro es que el niño se sienta querido y tenga afecto, porque si no, las conexiones neuronales no se desarrollan convenientemente. Se sabe, además, que la atención muy individualizada, el ambiente familiar y de tranquilidad cuando son pequeños contribuye a un desarrollo sano. Y como esta fase es la que pone la base de todo lo que viene después, tenemos que hacerlo bien. No porque el niño empiece antes con esta vida de estrés y adelante el aprendizaje, va a ir mejor después. De 0 a 3 años el niño necesita mucha atención y libertad de movimiento, y esto no se está dando. ¡En la Comunidad de Madrid está estipulado por ley que una educadora puede tener 15 niños de 1 año a su cargo! ¿Qué atención pueden tener estos niños? En otros países las madres de día ya están reguladas e incluso las escuelas infantiles tienen un ratio muy bajo de niños.

A.: ¿Es suficiente el juego libre? ¿Los niños pequeños no necesitan algo más para sentirse motivados y aprender?

I.G.: El juego libre, la propia actividad de los niños hecha con tiempo y autónomamente es lo más importante. No porque le organicemos actividades el niño se desarrolla mejor; el desarrollo óptimo lo tiene cuando le dejamos jugar libremente, autónomamente. Con los límites de seguridad necesarios, por supuesto. Pero ocurre que cuando una persona tiene muchos niños a su cargo, no puede permitirse la situación del juego libre, sino que tiene que organizar actividades.

 

 

A.: En otros países, las madres de día están reguladas, pero en España no. ¿Por qué?

I.G.: ¡Eso me pregunto yo! En Reino Unido hay 80.000 profesionales y en otros países europeos ser madre de día es una profesión regulada. Pero en nuestro país todavía no lo es, quizá porque la incorporación al mundo laboral de la mujer se ha realizado muy de golpe. De todas maneras, yo creo que tenemos mucho recorrido, porque la cultura española es muy de madrazas. La primera comunidad en España en la que surgió esta forma de educación fue Navarra, donde ha llegado a haber hasta 19 espacios de madres de día. Allí se llamaban casas amigas. Sé que ahora, con la crisis, carecen de subvenciones, pero siguen funcionando de manera privada.

A.: ¿Cómo se formó la Asociación Madre de Día?

I.G.: Yo trabajé en Berlín tres años como madre de día, y cuando llegué a Madrid, quise crear algo similar. Así que fundé esta asociación sin ánimo de lucro, que nace de la inquietud de un grupo de personas que, consciente de la importancia de los primeros años de vida del ser humano, quiere promover y desarrollar la profesión de madre de día en nuestro entorno cultural y social. En marzo de 2006, el ministerio de Justicia nos reconoció como asociación, y ahora ya somos unas 25 educadoras que luchamos cada día porque se nos reconozca y los padres que elijan esta opción tengan ayudas públicas.

A.: De momento sois una iniciativa privada, ¿no?

I.G.: Exactamente, pero nuestra asociación en el año 2006 presentó en la Consejería de Familia de la Comunidad de Madrid el proyecto de Madre de Día, que fue bien acogido. Desde entonces estamos esperando una regulación. Hasta el momento la iniciativa es privada, pero nuestras cuotas no son ni mucho menos más altas que las de una guardería privada, donde cada educador tiene muchos niños a su cargo.

A.: ¿Qué tiene que hacer una madre que quiere llevar a su hijo a una madre de día? ¿Cómo sabe que la persona a la que le está confiando su niño está formada? Que no exista una regulación no da demasiada confianza…

I.G.: Puede dirigirse a nuestra asociación. Todas las personas que pertenecemos a ella somos tituladas y además, formadas en pedagogía Waldorf, que pone el énfasis la individualidad del ser humano y en su desarrollo por etapas, especialmente durante los tres primeros años de vida. En esta época es cuando el niño aprende a hablar, a andar y a pensar, y su futuro depende de que tenga un ambiente familiar, individualizado y de afecto. En la Asociación Madre de Día hacemos también un curso de primeros auxilios y de manipulación de alimentos, y muchas de nosotras, mientras esperamos esta regulación, nos hemos hecho autónomas, por ejemplo.  

A.: ¿Y qué pasa con las familias interesadas de otros lugares de España?

 I.G.: Nosotras tendríamos capacidad para extender nuestra asociación a nivel nacional, ya que tenemos constancia de que en otras comunidades autónomas hay madres de día, pero de momento no tienen sin un paraguas común.

A.: ¿Ha habido casos de que un niño confunda a una madre de día con una madre biológica?

I.G.: Podría pasar, pero la madre de día es una profesional, y aunque tenga con el niño una relación más maternal que la de una profesora, por ejemplo, sabe evitar este tipo de confusiones.

A.: ¿Comulgáis con la corriente de crianza natural?

I.G.: Nuestra iniciativa tiene mucha solidez pedagógica y hay cosas de la crianza natural con las que no estamos de acuerdo. En otras, en cambio, sí nos sentimos identificadas, por ser esta una corriente más natural y menos intervencionista. La verdad es que sí nos vienen muchos padres que optan por dar una educación a sus hijos, digamos, más alternativa.

 

Imagen

expertos-ines-1.jpg

Imagen

expertos-ines-2.jpg

Imagen destacada

dest-expertos-ines.jpg