• Cómo gestionar el amor entre abuelos y nietos

La relación entre abuelos y nietos, ya sea por necesidad o por placer, es muy beneficiosa para ambas partes. En presencia de los peques, los abuelos y abuelas parecen rejuvenecer, compartiendo juegos y ratos entrañables. Por su parte, niños y niñas descubren con ellos pasatiempos tradicionales y un modo de vida que dista mucho del suyo. ¡Toda una experiencia enriquecedora! Pero, a veces, padres y madres no sabemos muy bien cómo gestionar este amor. Y es que no siempre es fácil saber qué lugar ocupa uno en la familia, ¿verdad? Ni siquiera para los propios adultos. Cuando un peque nace todos los miembros tienen que recomponerse un poco hasta ir encontrando su sitio. Los abuelos se mueven entre el afán de echar una mano y el respeto a las decisiones que los nuevos padres toman, algo que no siempre es fácil. Sobre todo cuando ese dulce bebé va creciendo, provocando risas con su lengua de trapo y sus trastadas. Si son nuestra kriptonita, ¿cómo no van a ser la de sus abus? Compartir travesuras, o cubrirles en ellas, será algo nuevo para ellos.

Gestionar el cariño, ¿es posible?

A veces padres y madres necesitan que los abuelos se ocupen de los peques. Y tienden a querer que lo hagan exactamente de la misma manera en que lo harían ellos. Eso no es posible: son personas diferentes. Ni las dos personas que estén más de acuerdo podrán hacerlo todo igual. Por tanto, hay que partir de esa base. Pero también de la personalidad de cada uno. Recogemos algunas ideas sobre las que puedes reflexionar y que quizá te ayuden:

  1. Recuerda que los abuelos ya educaron, fueron padres. Una de las cuestiones por las que viven una relación tan especial con sus nietos es esa: se han desprendido de buena parte de la responsabilidad, de la más dura. La educación corre de cuenta de padres y madres.
  2. No obstante, si tienes unos límites infranqueables, díselo. Mira que los abuelos tienen superpoderes, pero el de leer la mente no se encuentra entre ellos. Si las horas de tele tienen que ser muy limitadas o el chocolate es mejor restringirlo al fin de semana, házselo saber. Con asertividad… y cariño, claro está.
  3. Ponte en su lugar. Imagina que fueras tú quien se quedara al cargo y te pusieran muchísimas reglas que seguir. En ese caso, quizá ya no querrías hacerlo.
  4. Si tras quedarse con los peques hay algo que te molesta de verdad, háblalo con ellos y explícales el por qué.  El diálogo es muy saludable en las relaciones humanas.
  5. Por último, siempre puedes practicar el «ojos que no ven»… Deja de pensar en qué estarán haciendo, mantén a la vista el stick por si las travesuras se les van de las manos, y confía.

¿Se quedan tus peques con los abus con asiduidad? ¿Cómo llevas la gestión de cariño?

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