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  • Todo lo que necesitas saber sobre el altruismo en los niños

  • No te pierdas nuestros tips para que los niños y niñas sean más altruistas

Entre los valores que padres y madres quieren fomentar en sus hijos se encuentra el altruismo, que es un valor muy relacionado con la solidaridad. El altruismo se define como la capacidad de colaborar desinteresadamente con otros, incluso aunque eso suponga un sacrificio personal. Si se quiere educar en valores, nunca es demasiado pronto para empezar y este es uno de los más importantes. Conviene recordar que las vivencias de la infancia fraguan al adulto del futuro y que las competencias emocionales se pueden enseñar.

El altruismo, ¿un valor innato?

Los niños y niñas son altruistas por naturaleza, ya que algunos estudios muestran que los niños en torno a los 18 meses muestran comportamientos altruistas. No obstante, es a partir de primaria cuando empiezan a mostrar conductas prosociales. Esto significa, que lo hacen de manera voluntaria con el objetivo de ayudar a otros.

Para que se desarrolle el altruismo debe haber empatía, que es la capacidad de ponerse en el lugar del otro.

Cómo pueden padres y madres ayudar a sus hijos a ser más altruistas

Aunque se trate de una conducta innata, los progenitores pueden fomentarla en sus hijos siguiendo unas sencillas pautas.

Lo primero, como siempre, es dar ejemplo. Los niños y niñas ven todo lo que sus padres hacen y tienden a copiarlo, por lo que son modelo. El modelo educativo que reciben se basa en ponerse en el lugar del otro, con preguntas al respecto, que hacen que el niño o niña pueda comprenderlo. Esto les ayuda a tener una mayor capacidad de razonamiento y a desarrollar un sentimiento mayor de responsabilidad.

Resulta interesante conocer que los niños más altruistas son aquellos que tienen formas de disciplina con orientación más afectiva. Por norma general, tuvieron un vínculo de apego seguro muy fuerte en su primera infancia. Otra cuestión que hay que tener en cuenta es que el refuerzo verbal afectuoso redunda en una conducta más altruista.

Lo más bonito de los comportamientos altruistas es que se contagia y transmite, por lo que mejora el entorno. De esta forma se consigue una suerte de retroalimentación que mejora de manera sustancial la sociedad. Los niños que fueron educados en valores como el altruismo son, normalmente, adultos altruistas.

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