• madre echándole Arnidol Stick a su hija en la frente
  • Arnidol Gel Stick… para madres

Una mañana cualquiera suena el despertador a eso de las 6 (media hora arriba, media hora abajo).  Lo apagas rauda para no molestar a nadie. Ni al padre, ni a la criatura que aún siguen durmiendo. Mmmm, qué perecita más rica… voy a cerrar los ojos 5 min…

¡OH, NO! Son casi las 7. Ya vas tarde. Olvídate de desayunar. Aunque el café te lo puedes llevar puesto. Sí será una buena idea. Saltas de la cama camino de la ducha y… ¡qué dolor! El meñique del pie derecho se ha encontrado con la pata de la cama.

– El Arnidol, tengo que coger el Arnidol – te dices- ¿Dónde lo tengo? Ah… en la nevera. Mira, así aprovecho para poner el café.

Pones rumbo a la cocina mientras calculas mentalmente cuánto tardas en ducharte y si hoy te tocaba llevar al niño al cole o lo llevaba él. Y entonces… booooooom. El robot ese que le gusta tanto a tu hijo en medio del pasillo. Te lo has comido. Entero. Mira que le dijiste que lo recogiera pero se ve que no. Bien, en la otra pierna, en toda la espinilla. Menudo moratón te espera. A no ser que… y entonces recuerdas que ibas a por el Arnidol, que está en la nevera. Y que ya de paso ibas a poner la cafetera.

Pensamiento positivo, pensamiento positivo. Abres la nevera. Se cae una botella de agua de las del peque. Menos mal que no te ha dado y ni se ha reventado, ni hay desastre que solucionar. Al fin localizas tu objetivo. Casi con ansiedad coges la barrita, la abres y te pones Arnidol en el maltrecho meñique y en la dolorida espinilla. El suspiro de alivio es notorio. Qué gustito. Qué bien. Ahora entiendes por qué el enano se queda tranquilo solo con verla. Lo que no te cabe en la cabeza es que tus chicos no se hayan despertado al escucharlo.

Pones la cafetera pensando en llevarte el café en el vaso ese tan mono que te regalaron en Navidad. Listo, siguiente paso: la ducha, abres el grifo, coges el champú y tienes tanta suerte que se te resbala. El bote más grande de todos los que tienes, el de un litro, te aterriza en los pies. Definitivamente, va a ser mejor que te lleves el Arnidol en el bolso. Tres veces ya, tres, lo has necesitado. Y eso que el día ni siquiera ha terminado de arrancar.

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