• Arnidol te da motivos para imaginar

¿Te imaginas? Coger un avión con tu familia rumbo a París sin que los niños sepan a dónde vais. Y que vayáis ahí. No a cualquier sitio. Ahí. Los ojos como platos y la incredulidad, luego los lloros, los abrazos, y la emoción a flor de piel. «Mamá, NO PUEDO creérmelo». Y es verdad, no pueden. ¿Te lo puedes imaginar?

Sacar de la maleta los disfraces, metidos furtivamente cuando no miraban. Están un poco arrugados, pero servirán. Y los niños te miran de hito en hito, aún sin dar crédito a lo que está pasando. Hasta que bajan al hall y de repente se topan de bruces con una princesa, no una cualquiera. Una de verdad. Da igual entonces que crean en ellas o no, que tengan cinco años o diez. De repente, sucede la magia. Esta magia que está en todos sitios. Tu hijo, el que habitualmente gruñe por cualquier cosa porque está en esa edad tonta en la que no se es ni niño ni mayor, está boquiabierto. La pequeña directamente da saltos de entusiasmo, en precario equilibrio sobre esos tacones que le están grandes y que sabes que en tres minutos van a cansarla ¿Pero qué más da? Ya se pondrá después las zapatillas de deporte que llevas, previsora, en la mochila.

¿Te imaginas oír un murmullo que se va haciendo cada vez más audible conforme te vas acercando al parque? ¿Empezar a ver niños disfrazados, adultos con accesorios que jamás se pondrían en su vida corriente, gente completamente entusiasmada? ¿Tener la convicción de que aunque haga un día de perros a nadie le importa? ¿Te imaginas ver ESA silueta de sobras conocida por todos? La emoción es tal que cuando atraviesas las puertas no puedes evitarlo: el corazón se acelera y se pone a mil.

Y entras, y de repente aunque tengas una edad en la que has dado ya unas cuantas vueltas al sol vuelves a ser, de nuevo, niño. No hay nada comparable a la emoción de pisar el parque por primera vez. Tengas los años que tengas recuperas la capacidad de asombro, la de emocionarte y esa sensación de estar en un lugar feliz. Esa misma que tenías cuando estabas con tus padres haciendo lo que más te gustaba cuando eras pequeño. Es la magia del parque. Mejor no resistirse porque va a ser inútil hacerlo.

Imagínate: perder la vergüenza y correr como un bobo a las atracciones mirando cada pequeño detalle con ojos nuevos. Perder el pudor y llevar una diadema con orejas con orgullo, a ti que te da pavor habitualmente llevar ropa un poco cantona. Olvidar todo lo malo que hay en nuestras vidas y entrar en una cápsula del tiempo en la que por unos días todo será necesariamente alegría.

¿Te imaginas la posibilidad de regalarles eso a tus hijos? ¿Te imaginas la posibilidad de regalártelo a ti mismo? Pues no imagines. Corre a la tienda y compra cualquier producto Arnidol: seguro que hay alguno de su gama que te viene bien. Hazle una foto al ticket de compra ¡y guárdalo como aquel que custodia un tesoro! Sube esa foto a este site y muy importante ¡cruza los dedos y pide que suceda la magia!

¿Te imaginas que te toca?

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